Primavera 2011

Primavera 2011
Camino de Santiago

domingo, 12 de mayo de 2013

Por la Pedriza, hasta el Nacimiento del Manzanares. 27 Abril 2013.

Un día que no imaginábamos tan frío... Una ruta preciosa por el parque natural del Manzanares, en la Pedriza. 24 kilómetros de ida y vuelta.

lunes, 25 de marzo de 2013

De Garganta de los Montes a Canencia. Marzo 2013

Y ayer,23 de Marzo 2013, haciendo oídos sordos a la desgana de la que se disfraza siempre mi miedo al encuentro con personas a las que conozco poco o nada, me vestí de montañera y me fui con SNK a trotar por el monte. De regreso agradecí muchísimo haber salido. Lo pasamos muy bien, el paseo fue precioso, 18 kilómetros partiendo de Garganta de los Montes, en la sierra norte de Madrid, hasta Canencia, y regreso. Por la mañana pensamos que no podríamos quitarnos la capa de agua en todo el día, y sin embargo, a la media hora de camino el sol se dejó ver y nos acompañó todo el rato, entre nubes, algo tímido, pero permitiéndonos un sendero muy agradable. Nada mejor para mis pensamientos secuestrados, que avanzar con ellos monte arriba y conseguir así liberarlos.

jueves, 10 de enero de 2013

miércoles, 23 de marzo de 2011

Paseo por La Pedriza. 20-3-2011

Al monte…, pero sin madrugar. Una ruta por la sierra…, pero algo suave.
No era lo que entraba en mi esquema de siempre, pero… ¡qué importaba salir de lo acostumbrado!
El sol volvía a regalarse con fuerza anunciando la primavera. Un grupo pequeño y organizado. Un día tranquilo, sin grandes pretensiones, con cañas antes de emprender la marcha, y café o refrescos una vez terminada.

Poca sombra entre las peñas de la Pedriza baja, eso sí. Nos llevó un rato decidir sentarnos junto al reguerillo del Manzanares que las iba surcando, después de ir de acá para allá, y terminar en el sitio del principio.

Bocatas, sol, silencio, risas, fotos, ¡y torrijas!, todo un detalle de Mony, que las cargó en su mochila. Claro, un postre algo pringoso que no a todas nos convenció comer con la mano… Menos mal que siempre hay montañeras precavidas que de pronto sacan, como conejo de la chistera, un par de cubiertos de plástico.

Gracias por vuestra compañía, en un día de sol de mi alma caprichosa…

martes, 22 de febrero de 2011

Nostalgia de tu esencia

Hoy no sé ni quién soy…Y hoy no sé ni adónde voy… Sólo si hay llama de amor vuelve la esencia. Sólo si la piel dormida despierta, sabré quién soy, sabré hacia dónde voy…

Lo sé. Es el eco de una melodía, de las que tanto rastrean tu interior y conjugan como ninguna otra cosa el verbo de tus más remotos sentimientos…

Sientes nostalgia de la esencia que siempre consideraste más genuinamente tuya, la que habitó más allá de tu consciencia… La bondad.

¿Adónde se me ha quedado…?, te preguntas una y otra vez ante el espejo, para responderte con esa mirada tuya que no necesitas ver reflejada para saber que, opaca, inerte, vuelta sobre sí…, relata el porque sí de la vida que vives…

Porque sí, te recuerdas buena, con esa bondad hecha de retales de generosidad, de atención, de sacrificio, en su sentido más sublime y creador; retales de detalles, de ofrecimientos, de entrega…Retales que conformaban la indumentaria que te cubría, te identificaba, te presentaba…, y que ahora sientes que te ha abandonado, o que la perdiste sin saber cómo, o que sin saber cómo te la arrebataron…

Nostalgia de una esencia que parece estar muerta y… ¡cómo vivir sin ella!

miércoles, 26 de enero de 2011

Promesas. Enero 2011

“CN promete lo que no puede dar”, había sentenciado magistralmente TX sobre la amiga común de los dos.

Lo que no puede dar… Tremenda verdad, dicha con afinada exactitud.

Desde entonces reconocía asiduamente y con facilidad esa realidad presente en el ser-con-otros de tantas personas. En ella misma.

Prometemos lo que no podemos dar.

Y la promesa más directa, más elocuente, es aquella que formulamos con palabras: iré contigo, estaré ahí, te ayudaré en lo que sea, cuenta conmigo… Y esta es fácil de retomar, de recordar, de “facturar” cuando no se lleva a término.

Pero hay otras formas de prometer, mucho más sutiles, huidizas, a menudo inconscientemente ocultas a la intención del que las hace.

Prometemos con miradas, con silencios, con sonrisas cómplices, con guiños…
Prometemos con caricias inocentes, con preguntas que muestran interés y preocupación por el otro; con llamadas y presencias tan inesperadas como gratas…
Prometemos mientras extendemos el muestrario de nuestras bondades y ocultamos la incómoda lista de lo menos atractivo.
Prometemos desde el encanto personal, con un despliegue de simpatías…


Y no es malo que todo lo anterior se convierta en materia de promesa. Lo malo, lo verdaderamente malo es hacer patente que tras una promesa, con palabra o sin ella, vendrá otra, y otra, y otra más…, y que con ellas iremos dejando en el corazón del otro el convencimiento de que lo nuestro es seguir cumpliendo todo cuanto ofrecimos…

Porque con frecuencia se nos cuela el cansancio para seguir dando. O la propia alma se inquieta y pierde en otras andanzas, y se olvida de seguir dando. O sencillamente quien recibe se formó una idea equivocada de cuanto podía llegar a recibir, y de pronto esperó demasiado…

Difícil encontrar el equilibrio, también en esto.

¿Hasta qué punto nos vemos sin darnos cuenta haciendo promesas que más tarde no podremos cumplir…? Y cómo no hacerlas, cuando el corazón anda siempre dispuesto a entregarse de mil formas, y… es tan difícil saber cuáles de las expectativas que genera, podrán ser llevadas a cabo, y cuáles se quedarán sólo en una buena intención…

martes, 25 de enero de 2011

Perdida. 2007. Hoy.

El adjetivo no tiene bordes ni límites. No acompaña ideas ni conceptos, ni hace distinción alguna de su objeto. Irrumpe en infinitud de colores superpuestos, apelmazados, de diferentes texturas, sin brillo. Declara un estado irremediablemente cierto. Envuelve el hoy de su historia y a la vez se aloja en su centro haciéndose dueño, y asestando en cada palpitar un golpe de poder. Le ha ganado fuerza a los sueños que ensanchan el alma, abrillantan la mirada y tararean la dulzura de la vida. Le ha trocado al recuerdo su semblanza de agradecimiento por una lánguida y adormecedora melancolía. Le va envejeciendo los afanes y la lucha, sumiendo en el sinsentido, arrastrando, como arrastra mientras hiere el viento gélido de un invierno crudo, hacia los sinsabores de la amargura.

Perdida.